Los objetivos de Pequeños Horizontes, más allá de la escuela y la inteligencia artificial
Resumen:
¿Cómo preparar a nuestros hijos para un futuro que aún no podemos imaginar?
En este episodio inicial de Pequeños Horizontes, comparto por qué nació este proyecto, qué temas vamos a explorar (educación, crianza, inteligencia artificial, futuro del trabajo…) y por qué creo que hoy más que nunca necesitamos repensar qué significa educar bien.
Si te interesa reflexionar sobre qué queremos enseñar a nuestros hijos —y qué necesitamos aprender nosotros—, bienvenido/a!
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(Dentro de poco, también en YouTube)
Recursos mencionados en este episodio:
- Canal de Telegram: https://t.me/pequenoshorizontes
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Transcripción del episodio:
¿Cómo podemos preparar a nuestros hijos para un futuro que está cambiando tan rápido… que aún nos cuesta imaginar cómo será?
Esa es la pregunta central de este pódcast.
Aunque en realidad, todo empezó con otras más pequeñas:
Si realmente era necesario llevar a mi peque al cole con solo tres años?
¿De verdad era necesario llevar a mi peque al cole con solo tres años?
¿Qué tipo de escuela elegir?
¿Y qué debería enseñarle yo, más allá de lo que ya aprende allí?
Pero pronto me di cuenta de que, detrás de esas dudas cotidianas, había cuestiones más grandes.
Preguntas que nos invitan a repensar muchas cosas que dábamos por sentadas:
qué necesitan aprender nuestros hijos hoy, y cómo acompañarles en ese proceso.
Por eso en este pódcast exploraremos tres líneas principales:
- Qué necesitan aprender hoy los niños para para prepararse para el mundo en el que vivirán de mayores
- Qué necesitamos saber las familias para acompañar su aprendizaje
- Qué herramientas, entornos o metodologías pueden ayudarnos a hacerlo
Y aunque el foco está en la educación, en el fondo no se trata solo de educarles bien…
sino de preguntarnos también qué tipo de vida queremos compartir con ellos.
Qué valores queremos que les acompañen… incluso si el mundo cambia por completo.
Bienvenidos a Pequeños Horizontes.
En este primer episodio quiero contaros qué podéis esperar de este proyecto, cuál es mi historia personal, y qué tipo de preguntas tengo intención de investigar.
No será un episodio “normal”, centrado en un tema concreto, como los que vendrán más adelante.
Pero creo que puede ser útil, tanto si acabas de llegar —para decidir si te interesa quedarte—,
como si has llegado cuando ya hay varios episodios publicados —para entender cómo empezó todo y cuál es la intención que lo impulsa.
1. Mi historia: de la ciencia a la crianza
Así que… empezamos.
Por qué decidí crear este proyecto,
Me llamo Sara.
Tengo dos hijos pequeños y, antes de ser madre, trabajaba en investigación científica, aplicando inteligencia artificial al análisis de datos genómicos para entender mejor enfermedades como el cáncer o el desarrollo del cerebro.
Aunque me gustaba mucho mi trabajo, al convertirme en madre sentí que no podía estar a la altura en ambos lados.
Cuando estaba trabajando, pensaba en lo que me estaba perdiendo de mi bebé.
Y cuando estaba en casa, pensaba en todo lo que tenía pendiente en el trabajo.
La verdad es que a mí me cuesta mucho cambiar de chip.
Cuando algo me interesa y me engancha, me centro en ello al 100%.
Así que, con el segundo bebé, decidí aprovechar el fin de etapa en el trabajo para dedicarme a mis hijos como realmente quería.
Es curioso: a veces, incluso si tienes algo de colchón económico, la inercia te empuja a seguir.
A pensar en el siguiente objetivo: comprar un coche, una casa…
Y claro, surgen muchas dudas, porque también soy consciente de que cuanto más tiempo pase sin trabajar, más difícil será reincorporarme más adelante…
Pero lo que sí tenía claro es que, este momento no volvería… y si no lo aprovechaba, ahora que son pequeños, me acabaría arrepintiendo.
Aunque en el fondo… sigue habiendo una parte de mí que no quería desconectarse del todo.
Y este pódcast nace precisamente de esa tensión:
querer cuidar a mis hijos, pero también necesitar seguir aprendiendo, creciendo como persona,
y a la vez, sentir que estoy aportando algo de valor al mundo —lo que quiera que eso signifique—.
Así que este proyecto es, en el fondo, la forma que se me ha ocurrido de juntar todas esas necesidades.
Ya que me han surgido un montón de preguntas —y las iba a investigar igualmente—, pensé:
¿y si compartir lo que encuentre puede servir también a otras familias?
Además, el proceso me ayudará a desarrollar nuevas habilidades —comunicación, análisis, organización de ideas—, a seguir activa, y a conectar con otras personas que se están haciendo preguntas parecidas.
Y bueno, siendo realista: si en algún momento este proyecto acaba generando ingresos o atrayendo algún patrocinador… mejor aún.
2. La motivación/problema: Un futuro difícil de imaginar
Pero antes de todo eso, empecemos por el principio…
Desde que tuve hijos, soy cada vez más consciente de que educar no es solo llevarles al colegio.
Es también acompañarles, guiarles y ayudarles a convertirse en personas capaces de aprender y pensar por sí mismas… e idealmente, ser felices.
Pero ¿cómo educarles para un futuro que ni siquiera sabemos cómo será?
Obviamente, el futuro siempre es desconocido…
Pero todo parece indicar que la inteligencia artificial va a transformar —y muy rápido— la forma en la que vivimos.
A menudo se la compara con revoluciones tecnológicas como la electricidad o la revolución industrial.
Con una diferencia importante: aquellas transformaciones tardaron décadas —incluso más de un siglo— en cambiar la sociedad.
En cambio, esta vez todo va muchísimo más rápido.
Hace solo 30 años, internet o los móviles eran casi ciencia ficción.
Y ahora nos costaría mucho, volver a vivir sin ellos.
aunque realmente, la estructura básica de nuestras vidas sigue siendo más o menos la misma: trabajar, estudiar, formar una familia…
Pero La inteligencia artificial parece ir un paso más allá.
No solo cambia cómo hacemos las cosas.
Empieza a hacer tareas que hasta ahora creíamos exclusivamente humanas: pensar, crear arte, resolver problemas…
Y eso nos obliga a replantearnos qué significa ser humano.
Por eso nos cuesta tanto imaginar este futuro: porque probablemente no se parezca en nada a lo que hemos visto hasta ahora.
Uno de los miedos más comentados es que la IA acabe reemplazando muchos de los trabajos actuales.
Se habla bastante de qué hará falta a nivel político: si habrá que establecer una renta básica, cómo se mantendrá la economía…
Pero a mí me intrigan también cuestiones más cotidianas:
- ¿Cómo será nuestra vida —y la de nuestros hijos— si el trabajo deja de ser necesario?
- ¿Qué necesitan aprender? … no solo para seguir siendo “útiles” (o conseguir un trabajo, si siguen existiendo)… sino para vivir una vida que… merezca la pena
- ¿será suficiente con elegir hobbies o proyectos que les llenen?
En cierto modo, esto ya lo vemos hoy en quienes alcanzan la libertad financiera.
Aunque no necesitan trabajar por dinero, muchos siguen haciéndolo simplemente porque disfrutan,
o porque quieren dedicar su tiempo a algo con sentido, y sentir que contribuyen.
Y seguramente esa sea una de las claves para el futuro:
educarles para que su vida tenga valor y propósito más allá del trabajo.
Aprender a disfrutar, a crear, a aportar… incluso si no hay una recompensa económica.
Y a encontrar actividades que tengan sentido por sí mismas:
cosas que nos resulten gratificantes solo por hacernos sentir bien o por hacer sentir bien a los demás.
—como crear algo con las manos, jugar, cuidar, hacer reír—
Aunque muchas tareas puedan ser realizadas mejor y más rápido por una IA,
es posible que lo verdaderamente humano —y lo más valioso—
sea justo lo que genera algún tipo de conexión: la presencia, el vínculo.
Como cuando elegimos comprar algo hecho a mano, no por su utilidad, sino por lo que transmite.
Y eso, en sí mismo, ya es un cambio de enfoque.
Una transformación de lo que entendemos por éxito, por motivación o propósito.
Y aunque aún no tengamos todas las respuestas,
sí podemos empezar por plantearnos qué valores queremos transmitirles
desde que son pequeños.
3. Elecciones: dónde vivir, cómo educar, qué enseñarles… y qué necesitamos saber (nosotros)
Y a veces, estas preguntas tan grandes aparecen en momentos muy concretos. Como el día en que tuvimos que decidir a qué colegio apuntar a nuestro hijo.
De hecho, ese fue el detonante de todo esto: cuando llegó el momento de apuntar a mi hijo al colegio. Justo cuando también me estaba planteando dejar de trabajar para poder dedicarme más a los niños.
Hasta ese momento habíamos estado viviendo en el extranjero por mi trabajo.
Pero si ya no tenía esa atadura… de repente éramos libres para decidir dónde vivir.
Por un lado, sonaba muy atractivo irnos a un pueblo pequeño, rodeados de naturaleza.
O probar otros países, aprender nuevos idiomas, vivir experiencias distintas.
Pero también nos planteamos si lo más sensato —y lo mejor para los niños— sería volver a vivir cerca de los abuelos y de la familia, para mantener el contacto con sus raíces.
Y mientras tanto, llegó esa otra gran decisión: ¿qué colegio elegir?
Nos dieron la lista de escuelas disponibles… y había algunas etiquetadas con nombres que apenas conocía: Freinet, Montessori, aprendizaje por proyectos…
Al empezar a investigar, me encontré con un mundo de propuestas educativas:
Montessori, Waldorf, Reggio Emilia, escuelas bosque…
Cada una con principios distintos. Algunas más estructuradas, otras más libres.
Pero muchas de ellas se basan en ideas muy interesantes,
que pueden adaptarse a otros entornos,
y ofrecen pistas valiosas sobre qué observar, qué respetar y qué fomentar en nuestros hijos en el día a día, aunque no vayas a cambiar de colegio…
Y eso también me hizo pensar en otro enfoque que había oído mencionar: el worldschooling.
Una idea que suena muy bonita: aprender mientras viajas, convertir el mundo en una escuela.
Pero… ¿qué implica realmente?
¿Simplemente ver el Coliseo romano ya sirve para aprender historia?
¿No hace falta algo de contexto, o una explicación que lo conecte con el resto?
Y luego están las cuestiones prácticas:
si hay que dedicar tiempo a enseñarles… ¿de dónde sacamos tiempo para todo lo demás?
Después de asomarme a todo este abanico de metodologías, me di cuenta de que me faltaban conocimientos y herramientas.
Cuanto más descubría, más consciente era de todo lo que no sabía.
Y no solo era una cuestión de métodos o etiquetas.
Empecé a darme cuenta de que, si realmente quería acompañar el aprendizaje de mis hijos de forma más consciente —ayudándoles a tomar decisiones en lugar de seguir la inercia—,
necesitaba entender mejor qué se enseña… y sobre todo, cómo se enseña.
Y entonces me pregunté:
¿Qué aprenden los maestros en su formación?
¿Habrá ahí herramientas y principios que también podríamos aprovechar desde casa?
Porque aunque no haga falta estudiar magisterio para acompañar a nuestros hijos,
sí puede ser muy útil entender algunas claves.
Especialmente, cómo conseguir que lo que les enseñamos realmente les cale:
que lo entiendan, lo interioricen… y puedan usarlo en su vida real.
De hecho, en el temario actual ya hay muchos temas importantes.
Por ejemplo, la filosofía lleva siglos tratando lo que comentábamos antes sobre el sentido de la vida… o sobre cómo tomar buenas decisiones.
Y sin embargo, aunque se que yo tuve la asignatura de filosofía, ni siquiera recuerdo si incluía estos temas…
De hecho, hace unos días, encontré unos apuntes del instituto sobre una asignatura de emprendimiento.
Y fue un pequeño shock: no me acordaba en absoluto de haber tenido esa asignatura.
Al hojear los papeles, entendí por qué:
todo eran formularios, leyes, procesos administrativos…
tan teóricos y aburridos que mi cerebro no se molestó en guardarlos…
Entonces, ¿qué hace que un aprendizaje realmente se quede con nosotros?
¿Cómo lograr que deje huella?
La comunicación es otro ejemplo claro.
Durante años, en la asignatura de “lengua”, intentan enseñarnos a leer y escribir bien…
pero muchas veces se deja fuera lo más útil en el día a día:
encontrar las palabras justas para decir lo que realmente queremos, escuchar para entender lo que el otro realmente siente o necesita, o simplemente resolver un conflicto sin levantar la voz.
Tal vez herramientas como el teatro, la improvisación o el storytelling podrían ayudar.
Lo iré explorando.
Y luego están todas esas habilidades que apenas se tocan en el colegio,
y que muchos echamos en falta cuando llegamos a la vida adulta:
la gestión de emociones, las finanzas personales…
Y las que parece que serán aún más importantes en un futuro con inteligencia artificial:
el pensamiento crítico, la creatividad…
Porque, aunque todavía no sepamos lo que nos depara,
sí parece que será clave saber hacerse buenas preguntas,
aprender a distinguir lo fiable de lo falso,
y no creerse cualquier cosa solo porque suena convincente…
Pero claro, ¿cómo se enseña eso?
Por ahora no tengo ni idea, pero quiero averiguarlo.
Así que uno de los primeros episodios estará dedicado a eso: cómo fomentar el pensamiento crítico.
A partir de ahí, iré explorando qué alternativas reales existen más allá del modelo tradicional,
qué se gana —y qué se puede perder— con distintos enfoques educativos,
y qué necesitamos saber como madres y padres para acompañar ese aprendizaje con confianza.
En resumen, los temas que podéis esperar tienen que ver con tres grandes áreas:
🔹 Qué necesitan aprender hoy los niños para vivir en el mundo de mañana
🔹 Qué necesitamos saber las familias para acompañar su aprendizaje con conciencia
🔹 Y qué herramientas, entornos o metodologías pueden ayudarnos a hacerlo
Aunque muchas de estas preguntas nacen de mi experiencia personal,
me gustaría que este pódcast sea útil para mucho más…
Por un lado, que pueda ayudar a cada una de las personas que lo escucháis.
Incluso si no haces grandes cambios.
Seguir escuchando, ya es un primer paso.
A veces, basta con mirar con otros ojos lo que ya vivimos cada día.
Eso puede llevarnos a tomar decisiones más alineadas con lo que de verdad importa.
O simplemente, a sentirte más tranquilo, al saber que lo que estás haciendo ya está suficientemente bien.
Y por otro lado, cuantos más seamos, más podremos ayudarnos mutuamente:
compartiendo información, dudas o experiencias.
¿Y quién sabe? Quizá esa conexión acabe generando una ola que, algún día, influya también en decisiones políticas… o en cómo evoluciona la sociedad.
En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que mi parte siempre va a partir de una mirada crítica, realista… y sostenible.
Nuestro enfoque: Sostenibilidad y pensamiento crítico como base
Sostenible, no solo en el sentido ecológico,
sino también en cuanto al tipo de decisiones que tomamos,
al tiempo y la energía que nos requieren,
que nos permitan mantener el ritmo a largo plazo…
a la forma en que cuidamos —no solo a nuestros hijos—
sino también a nosotros mismos.
Como, por ejemplo:
reservar al menos una cena a la semana juntos, sin pantallas ni prisas,
para poder hablar tranquilos y mantener la conexión.
O apuntarles a menos extraescolares para llegar a casa sin correr.
O simplemente aceptar que no podemos hacerlo todo perfecto…
y que a veces, parar también es una forma de cuidar.
Porque todo eso influye:
en nuestra salud, en nuestras relaciones,
y en el tipo de mundo que estamos ayudando a construir.
Y crítica, porque vengo del mundo de la ciencia.
Me gusta investigar, comparar, contrastar.
Y eso es lo que quiero hacer con todas estas preguntas:
leer lo que ya se ha estudiado, buscar evidencias, comparar opciones…
La verdad es que dudé bastante si además debía lanzarme a compartirlo,
porque no soy experta en educación.
No soy maestra, ni pedagoga…
pero lo cierto es que estoy muy acostumbrada a leer estudios, buscar fuentes fiables,
y entender temas complejos —especialmente cuando se cruzan con la inteligencia artificial—
y supongo que eso en si mismo ya es útil,
especialmente si lo enfoco en ordenarlos y “traducirlos” a un lenguaje más claro para quienes no venimos del mundo educativo.
Así que eso es lo que quiero aportar:
un enfoque riguroso, pero fácil de seguir.
Lo que encontrarás en esta primera temporada
Por eso quiero ir construyendo, poco a poco, una especie de caja de herramientas.
No tanto para encontrar respuestas cerradas, sino para reunir ideas, ejemplos y recursos
que nos ayuden en el camino.
Aunque no sé si esto saldrá exactamente como lo imagino…
Con este episodio cero, al menos ya está en marcha.
A partir de aquí, iré abriendo temas más concretos.
Durante la primera temporada iré compartiendo lo que voy descubriendo:
a veces serán ideas generales, otras más prácticas;
algunos episodios serán más reflexivos, otros más documentados.
Pero siempre con la idea de fondo de criar con conciencia,
pensando en qué tipo de personas queremos ayudarles a ser,
haciéndonos buenas preguntas… y buscando información fiable y contrastada.
Al principio grabaré sola, pero más adelante me gustaría entrevistar a personas con experiencia directa:
docentes, madres, familias que hayan probado caminos distintos.
Si tienes preguntas que te gustaría que explore, puedes dejarlas en los comentarios.
Y si quieres compartir tu experiencia, escríbeme.
En el próximo episodio empezamos con algo que me dejó sin palabras:
Ya estamos empezando a ver la inteligencia artificial como si fuera un amigo real…
¿Qué consecuencias tendrá eso para nuestros hijos? en su imaginación, en su forma de confiar…
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🗓️ El plan es publicar los días que terminan en 7:
el 7 y 17 de cada mes los episodios del podcast
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Dejaré los links en la descripción.
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Ahora ya sabes quién está detrás, de dónde sale todo esto… y hacia dónde quiero que evolucione.
Si todo esto te resuena, te invito a quedarte.
Me encantaría que formaras parte desde el principio.
“Porque a veces, el primer paso para cambiar algo es simplemente atreverse a mirar más allá de lo habitual.”
Un saludo,
y hasta la próxima.